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12.08.10
Las Urgencias se han convertido en un cajero automático de la salud
Antonio Valverde reconoce que la población cada vez tiene más expectativas puestas en este servicio y que quiere una atención rápida y eficaz · Trabajan en la creación de una unidad de corta estancia

Tras más de cinco años en el equipo de dirección del Hospital Clínico San Cecilio, Antonio Valverde, médico intensivista, es desde hace un año jefe de Urgencias de este hospital granadino. Ahora, analiza el uso que hace la población del servicio y el futuro del mismo.

-Ha pasado de la dirección a la asistencia. ¿Cómo fue el cambio?

-Yo hice la residencia (MIR) en intensivos en este hospital. Después estuve ocho años en la coordinación de trasplantes y luego pasé cuatro años y medio en la dirección médica. Lo último ha sido un año en la subdirección gerencia y ya pasé en 2009 a la asistencia. Pero en el camino de salida me encontré con el encargo de la coordinación de Urgencias, en la que llevo un año.

-Urgencias es de los servicios más conocidos y utilizados de un hospital. ¿Qué concepto cree que tiene la población del mismo?

-Como dices, el servicio de Urgencias es el más conocido y más utilizado tanto para lo bueno como para lo malo. Por aquí pasan más de 100.000 personas adultas al año, niños aparte, por lo que la presión asistencial es muy alta con todas las ventajas e inconvenientes que eso tiene. Además, la mayoría de los ingresos del hospital se producen a través del servicio de Urgencias.

-¿Y se nota ese cambio de actitud de la población, cada vez más exigente, que los profesionales han detectado?

-Yo creo que dentro de las personas que acuden a Urgencias hay que distinguir varios grupos de pacientes. Es verdad que hoy en día los servicios de Urgencias casi se han convertido en un cajero automático de la salud. La gente quiere que se le atienda lo más pronto posible con el mayor nivel de tecnología posible y tiene unas expectativas puestas en el servicio de inmediatez para solucionar problemas. Por otro lado, hay un porcentaje grande de pacientes que no son urgencias desde el punto de vista clínico y que acuden para agilizar el acceso a un especialista o facilitar el ingreso. Esto es verdad. Pero no creo que haya más o menos respeto. En general la mayoría de la población es respetuosa con los profesionales pero entre tanta gente siempre hay situaciones desagradables y de conflicto inevitables. Cada día atendemos a 400 personas con sus respectivos familiares, por lo que siempre se pueden dar situaciones que no son agradables.

-¿Qué se puede hacer?

-Es un problema de todos los servicios de Urgencias, no sólo de este hospital. La gente acude a cumplir unas expectativas a veces con razón y otras sin ella. El problema ahora de las Urgencias en particular y de los hospitales en general es que han estado preparados para atender a pacientes agudos y ahora hay un perfil de paciente cada vez más frecuente, especialmente ahora en verano con el calor y en invierno con el frío, que son los pacientes con mucha edad y mucha patología crónica. Es un grupo de pacientes que crean verdaderos problemas en las Urgencias porque necesitan una atención diferente. Necesitarían un cambio de estructura e incluso de concepto de atención del paciente (que suele venir de una residencia o de una casa donde está en cama) porque necesitan una cama aunque la patología que los trae sea banal. Y eso genera problemas que tenemos que resolver. Tenemos que pensar en estructuras diferentes y empezar a cambiar. Pensar en unidades de corta estancia para estos pacientes, en cuidados a domicilio más potentes... Ese es el grupo de pacientes que ahora ocasionan más problemas a las Urgencias y que no estamos a la altura para atender porque no tenemos camas disponibles físicamente. Y no pueden pasar una noche en un sillón .

-Siempre se dice que el 80% de las urgencias no son tal.

-Si no el 80, el 60 o 70% de las urgencias son banales y podrían ser resueltas en otro sitio. No sé si en Granada, con mayor frecuentación a Urgencias de Andalucía e incluso creo que por encima de la media nacional, es porque tradicionalmente la gente ha acudido a los hospitales y eso es muy difícil de romper, que vayan con el mismo nivel de seguridad a su médico de cabecera, que los conoce y que podría hacer un trabajo mejor en algunos casos incluso que el que hacemos aquí. Pero no sé si es un problema de tradición o educacional de la población. Hay otro problema del que partir. La OMS define urgencia como todo aquello que el paciente percibe como tal, por lo que a partir de ahí estamos obligados a atender a todos los pacientes. Es cierto que eso produce una presión en Urgencias muy alta. Eso lo intentamos solucionar haciendo una pequeña consulta de filtro o de triaje, en la que se clasifican los pacientes por niveles, desde el uno que es la emergencia y se atiende de inmediato porque está en peligro su vida, hasta el cuatro, que desde el punto de vista clínico no se considera urgencia. Pero es muy difícil. El punto de partida es atenderlos a todos pero los pacientes nivel cuatro a veces están esperando cuatro, cinco o seis horas y eso genera retraso, colapso, tensión. Además, la gente no viene sola, el que menos viene con un acompañante. Si te das una vuelta la sala de espera siempre está llena y no todos son pacientes. Eso, mezclado con una estructura pequeña en metros cuadrados que no tiene más posibilidades de crecer, hace que aumente la sensación de agobio en algunos momentos, cuando puede haber 200 o 300 personas en unas Urgencias que no llegan a los 500 metros cuadrados y que además, por la estructura del hospital, es zona de paso para profesionales y pacientes de otros sectores, por eso en algunos momentos parece el Zacatín. Y eso no se podrá solucionar hasta que no nos mudemos, cuando haya una estructura razonable que permita hacer otros flujos con los pacientes. El punto de partida es casi triplicar la superficie. Ahora la distribución es la mejor posible para el espacio que tenemos. Está todo justo, para los pacientes y para los profesionales, lo que hace que no estemos siempre trabajando en las mejores circunstancias.

-¿Cuántos profesionales hay?

-El número es variable. Hay 30 contratos de facultativos, 54 enfermeras, otros tantos auxiliares y celadores más el personal de seguridad. En total unas 150 personas entre personal sanitario y no sanitario.

-Y nunca es suficiente.

-Yo tengo que decir como responsable que no. Es verdad que se ha hecho un esfuerzo grande pero es verdad que nunca es suficiente.

-En un servicio con tanta penosidad, ¿cómo se incentiva a los profesionales?

-Justo en estos momentos el personal no está especialmente contento con el bocado que se ha producido en los salarios, pero lo primero que tenemos que hacer es que no se traduzca en descontento y que no se traslade a la población. La gente está haciendo un esfuerzo grande por dejarlo al margen y seguir trabajando de manera honesta. La incentivación pasa por mantenerles un horario adecuado, razonable, con lo que se firmó con los sindicatos en cuanto al pago de las continuidades asistenciales y por un cuidado personal de las necesidades de los profesionales. Es difícil, pero la mayoría de los que están es porque les gusta. Pero es de los trabajos más duros del hospital, especialmente las guardias.


Antonio Valverde es intensivista y jefe de Urgencias desde hace un año.

Granada


 
 


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